La
cautiva
La
Señora imagina el
sonido de los tambores africanos. En
su recinto, desnuda, se
cubre de pétalos. Su
corazón cautivado
por el juglar de
dulces reverencias desacompasado
late. Fuerzas
duales, luz
y sombra. Desde
el balcón la
última flor cae deshojada.
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